Relato erótico: El fondo de los sueños

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Repasaba aburrida las fotos del último viaje a Formentera. Desayunándose las ganas de volver con el café y con la mente perdida en los recuerdos, volvieron a ella todas las imágenes de ese sensual viaje. Una a una, como un lento pase de diapositivas que su memoria pasaba, a golpe de melancolía y viejos deseos.

-“La inspiración se encuentra en el fondo del mar” -le dijo sonriente, mientras las olas se abrazaban a ese cuerpo imponente que la llamaba a gritos-. Las palabras sonaban convincentes, pero creo que fue su testosterona a punto de caramelo lo que la condujo a sumergirse en su mar de promesas.
Juntos bajaron a la profundidad de ese mar verde escarlata, revoloteando entre los corales y sabiéndose dueños del nuevo mundo que se abría ante sus ojos. Nada podía ser más hermoso que ese paisaje natural impregnado de la magia marina. De repente, él la tomó de la mano y la condujo hasta, el que decía, “era su lugar secreto”.

Ella ya había sucumbido a todos sus encantos y se dejaba llevar por la corriente que sus palabras arrastraban. Finalmente, llegaron a un precioso arrecife de coral. La amplia variedad de colores le hizo pensar que se encontraba ante el arco-iris del océano. De repente, una bandada de caballitos de mar apareció ante ellos, exhibiendo su delicada cabalgada. Un momento, le había perdido de vista. Él ya no estaba. Se adentró más en el coral en un intento desesperado por encontrarle. -“No puede ser, no puede ser” -se repetía, una y otra vez-. Pasada media hora de búsqueda incansable, acabó por pensar la versión inverosímil de la situación: el coral se lo había tragado. Él ya no estaba. Debía subir a la superfície y dar la voz de alarma.

Sin embargo, un deseo ardiente la dejaba anclada a ese lugar. De pronto, suaves gemidos llegaron a sus oídos. Sonaban como una melodía excitante que tenía una poderosa fuerza de atracción. No se lo pensó dos veces. Podía ser él, así que buceó tan veloz como sus aletas le permitieron. Finalmente, llegó a una rocosa guarida de donde emergía una luz violácea intermitente. Ahora, los gemidos se sentían mucho más fuertes e intensos. Entró en la guarida, convencida de que lo encontraría allí. Sin embargo, él no estaba. Aunque sí halló el origen de esos relámpagueantes gemidos que la habían conducido hasta allí. Un caballito de curvas sinuosas y ondulantes como las olas que estallan en blanca espuma contra las rocas, relucía entre arena mojada, corales y estrellas de mar.

No puedo resistirse y lo cogió entre sus manos. Acarició cada curva, deteniéndose en sus formas. Nunca había visto nada tan bello. Enseguida reparó en que no era un ser vivo, sino un genial caballito de juguete que alguien había dejado en el mar.
Se sentía cada vez más excitada y necesitó sentarse para continuar explorando su recién descubierto tesoro. Ya era tarde, el oxígeno escaseaba. No sabía a ciencia cierta si porque él le había quitado la respiración por completo o porque realmente la bombona que llevaba a su espalda, exhalaba su último aliento.

-“Me lo llevo” -se dijo a si misma, con decisión-. Así, volvió de nuevo a la superfície, exhausta pero feliz de haber encontrado justo lo que hacía tanto tiempo que buscaba. Llegó al hotel y se dió un baño caliente de espuma. Por supuesto, “su caballito” le acompañó en esta relajante inmersión acuática. La humedad lo impregnó todo cuando el delicado extremo redondeado de “su caballito” buceó dentro de su clítoris. Ella se agarraba a él con maestría, mientras él le demostraba, de una forma silenciosa y discreta, nuevos ritmos y sensaciones placenteras.
Galopó en sus vibraciones oscilantes toda la noche y cayó rendida a un placer de mil formas distintas. Al día siguiente, despertó y el juguete ya no estaba. -“La inspiración se encuentra en el fondo del mar”- vino de nuevo la frase a su mente y con ella, la imagen de él pronunciándola, con esa pícara sonrisa.
Entonces lo entendió todo. Él y su caballito de juguete eran la misma cosa. Un tesoro sacado de la profundidad del mar para bucear, por una vez, en un orgasmo alcanzado en la tierra.

 

Sueña con el fantástico vibrador de punto G Delight by Fun Factory

 

Fotografía superior de Anka Zhuravleva

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