Relato erótico: El orgasmo de las braguitas perdidas

by

Llegué a casa después de un día agotador. Sólo quería una copa mientras me hundía en el sofá frente a una televisión que pasaba sus horas bajas. “Qué irónico! -pensé- justo como yo”. De repente, la puerta sonó. Haciendo esfuerzos sobrehumanos por huir de los brazos mortíferos del sofá, me arrastré hasta la puerta. Ante mí, una escena surrealista y una visión en forma de ángel.

“Perdona, creo que esto es tuyo, pensé que querrías recuperarlas”- pronunció, con un tono varonil que me hizo despertar del letargo post-oficina de forma súbita. Lo que me estaba entregando eran mis braguitas de encaje pero yo lo único que quería era entregarme entera a él.

“¿Hola?”; estaba claro que él no pensaba lo mismo. Me mordí el labio, le di las gracias y me las devolvió con una sonrisa reluciente en su boca. Cerré la puerta con mis bragas recién recuperadas, pero las puertas del Cielo ya se habían abierto y no había persona humana que las cerrase.

Deslicé todo mi cuerpo hasta el suelo, rozándolo con la puerta que acababa de cerrar e imaginando que sus brazos me rodeaban. Sentí unos escalofríos en mi espalda y cuando volví a abrir los ojos, ya en el suelo, vi que una nota se había colado por debajo de mi puerta.

“Aprieta el botón” -leí, sin entender a qué se refería. Giré la nota en busca de respuestas mucho más convincentes (o explícitas). El dibujo me convenció y convenció a mis pies para llegar hasta la habitación.

Cuando llegué, mi cama no estaba vacía. Sobre ella, volvía a haber una nota. “Si quieres un masaje, mira en el armario”. Corrí a descubrir qué se escondía en él, cada vez más excitada por su juego de seducción.

Y allí estaba, reluciente y poderoso, preparado para hacer de las suyas.

Lentamente me tumbé en la cama, comencé a quitarme la ropa, dispuesta a recibir el masaje del paraíso. Antes de empezar, ya estaba húmeda, con él comencé a masajearme, estimulándome con cada nueva vibración que experimentaba. Así hasta 6 veces, 6 vibraciones que disparaban mi excitación, mientras pensaba en cómo el otro me miraba.

De repente, una mano firme me lo arrebató, apretó suavemente mis muslos y empezó a acariciarme lentamente por todo el cuerpo. Ambos parecían uno y yo acabé rendida al placer que su simbiosis me proporcionaba. Mientras sentía el estimulante masaje sobre mi clítoris, humedecía mis labios y los tocaba a ambos. No sabía cuál me gustaba más. Quería poseerlos a los dos. Y lo que más me ponía es que sabía que podía tenerlos.

Abrí los ojos y se lo arrebaté. Él adivinó mis intenciones. Ahora yo tenía el poder y a él no le importaba ser esclavo.

Continuará…

 

Deléitate jugando con tu pareja con el nuevo huevo vibrador con control remoto y tecnología SenseMotion Lyla by Lelo

 

Fotografía superior de Calin Cárdenas

Deja tu comentario

*

*