All about Sex — 26 noviembre, 2012 at 17:43

Mamá, papá, soy gay. La soledad de la homosexualidad

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Es domingo. La típica mesa puesta de comida familiar. Todos contentos y felices os preparáis para degustar los exquisitos platos que mamá o papá han preparado. Entre plato y plato, tu hermano o hermana os anuncia que es gay o lesbiana (según el caso). Ante tal estampa, tú y tus padres podéis reaccionar de una forma de lo más natural. Claro que puede haber una segunda reacción mucho menos positiva (y por desgracia, la más habitual en estos casos). Tu madre se desmaya y tu padre desata en cólera y pregunta qué es lo que han hecho mal.

Bien, hoy en Sexcoolture  abordamos esta segunda situación para analizar por qué ocurre.

 

Ser gay/ lesbiana no es un problema familiar

Muchas veces los padres se creen responsables de todo lo que pueda suceder en torno a la vida de sus hijos. Esto, también, ocurre cuando un hijo/a decide confesar su homosexualidad.

La creencia de la sociedad, y por tanto de la gran mayoría de los padres, dicta seguir un camino marcado. De manera errónea, los padres quieren que sus hijos se parezcan a ellos en todos los aspectos. Esto perpetúa la creencia de que ser homosexual es algo que puede “pasarle a los demás”, pero nunca a su hijo/a.

Esta apelación a “pasar a los demás” connota claramente que la homosexualidad es vista por muchos progenitores como un problema.

El problema no es la propia homosexualidad, sino la percepción de la misma en el seno de la sociedad y como institución de la misma, en la familia.

 

¿Por qué “tener que aceptarlo” cuando es algo normal?

La palabra aceptación resuena con fuerza cada vez que se habla de la confesión de ser gay o lesbiana a los familiares.

En este punto, deberíamos reflexionar sobre si la mejor forma de concienciar a la sociedad sobre lo que únicamente es una orientación sexual más, debería ser instando a la aceptación.

La aceptación, ya sea en el seno de la familia o no, supone, primero de todo, asumir la falsa creencia de que la homosexualidad es algo malo. El trasfondo que existe tras dicha palabra no parece contribuir a la supresión de los prejuicios que existen en torno a esta orientación sexual.

Si en nuestra sociedad, ser homosexual o lesbiana fuese percibido de la misma forma que ser heterosexual, no habría nada que aceptar ni que asumir. Y así, no sería un trauma para las personas homosexuales hechos tan cotidianos como presentar su pareja a su familia. La sola expresión “confesar mi homosexualidad” ya nos habla de la vergüenza, el miedo y la represión que éstas sufren.

Muchos recursos, tanto en la red como fuera de ella, dan consejos a gays y lesbianas para afrontar este momento. Desde nuestro punto de vista, lo único que tenemos que comprender de la homosexualidad es que subyace de la naturaleza humana. Y como todo aspecto humano, es normal, natural y libre.  ¿Qué opinas?

 

Fotografía superior de  Vladimir Clavijo – Telepnev© –  Cherry Orchard Serie

 

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